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¿Cómo nos convertimos en lo que somos?

Desarrollo del carácter del bebé desde el útero materno. 

Todas las vivencias y sensaciones, entre muchos más factores externos e, incluso, el estado de ánimo de una madre durante el embarazo, influyen, de algún modo, en la formación del  carácter y la personalidad del bebé. 

Hasta mediados del siglo XX se pensaba que un niño por nacer era insensible, apático e ignorante. La observación y los estudios llevados a cabo por profesionales de la medicina, neurólogos y fisiólogos, conmovidos por experiencias cercanas, fue motivo de interés por comprender la mente del niño intrauterino y del recién nacido.

Uno de ellos Thomas Verny, doctor en medicina, autor del libro La vida secreta del niño antes de nacer, mientras pasaba un fin de semana en casa de unos amigos, observó como su anfitriona que estaba embarazada de siete meses, le cantaba suavemente una bellísima nana a su hijo no nacido.

Esa escena le dejó una profunda impresión, de tal forma que después del nacimiento de su hijo, al contarle la madre que esa nana le ayudaba a calmarlo cuando lloraba, lo lleva a interesarse por las diferentes investigaciones que gracias a las nuevas tecnologías, pudieron estudiar al niño en su habitad natural sin perturbarle. Lo que descubrieron dio como resultado un nuevo paradigma acerca del desarrollo del niño en el útero materno, que es de donde se nutre el Proyecto Nacer.

Ahora sabemos que un niño por nacer es un ser humano consciente que oye, experimenta, degusta y fundamentalmente, que puede sentir. El hecho de que un niño  antes de nacer pueda sentir y percibir ya está modelando sus actitudes y las expectativas que tiene con respecto a sí mismo.

Las consecuencias de este descubrimiento nos permite comprender porqué una persona puede ser feliz o triste, agresiva o  segura o cargada de ansiedad, dependerá de los mensajes que recibe acerca del sí mismo mientras está en el útero.

La principal fuente de dichos mensajes es la madre del niño, con la que estable un vínculo de apego, a través del cual se fortalece la comunicación madre con su bebé. Es importante destacar que las preocupaciones, dudas o ansiedades esporádicas no son las que influyen principalmente; la ansiedad crónica o una continua ambivalencia sobre la maternidad, puede dejar una profunda huella en la personalidad del niño no nacido. Por otra parte, emociones como la alegría, la satisfacción, el regocijo pueden contribuir significativamente al desarrollo emocional de un niño sano.

Otro aspecto importante a destacar en el desarrollo del niño antes de nacer, es la presencia del padre; los últimos estudios demuestran que lo que un hombre siente hacia su compañera y el niño no nacido, es uno de los factores más determinante del éxito del embarazo. La participación de los padres en el proceso de gestación y en el parto, aumenta en la futura mamá sentimientos de aprecio, apoyo y compañía, disminuyendo sus temores y en el bebé sentimientos de seguridad y confianza, de forma que ambos están preparados para participar conjuntamente en un nacimiento feliz.

Si analizamos la sensación de ansiedad de un niño  antes de nacer, en primer lugar, buscamos la causa o el origen de esa ansiedad que está¡ arraigada desde hace tiempo. Un ejemplo puede ser el hecho de que la madre fume. Diferentes estudios demostraron que un niño intrauterino se agita (midiendo los latidos del corazón) cada vez que su madre piensa en fumar. El niño no puede saber que su madre está fumando, pero si percibir los efectos cuando su madre fuma, a través de la desagradable sensación que le produce la falta de oxígeno en ese momento. El tabaco reduce el oxígeno de la sangre materna que pasa a la placenta, pero lo más nocivo son las consecuencias psicológicas en el bebé, que lo expone a un sentimiento de incertidumbre y miedo al no saber cuándo volverá a ocurrir esa desagradable sensación física, ni lo  dolorosa que será cuando aparezca, solo sabe que volverá a ocurrir. Este tipo de situaciones predispone al bebé hacia una ansiedad profundamente arraigada y condicionada.

Este estudio nos da a entender las capacidades del niño antes de nacer y también cómo nuestra personalidad comienza a formarse en el útero. Así nuestros gustos, nuestros miedos, fobias, es decir, todas las conductas que nos caracterizan son producto del aprendizaje condicionado durante nuestra estancia en el útero, convirtiéndonos en lo que somos.

Cristina Fertonani 

Oxitocina, la hormona del amor


Entre los años 50 y 70 del siglo pasado, el psiquiatra infantil John Bowlby, afirmó a través de un gran número de estudios que la relación que establece el recién nacido con sus padres es fundamental para el desarrollo equilibrado del niño y además que dicha relación tiene que estar fundamentada en la satisfacción y goce mutuo de forma continuada.

Desde entonces profesionales de distintas áreas: psicología, neurología, medicina entre otras ciencias han seguido con esos estudios y la conclusión es que todos los bebés al nacer, necesitan sentirse queridos.

En el momento del nacimiento se producen acontecimientos importantes desde el punto de vista de la química del cerebro que nunca se volverán a repetir y están relacionados con el amor, la unión y la entrega a través de lo cual se construye el vínculo de apego.

Bowly decía que la relación que se establece entre la madre y el hijo no es un capricho ni algo que pasa porque sí, sino que es algo fundamental en la protección y supervivencia de la especie humana. En caso de que ese vínculo se altere por la separación de la madre, siempre se va a desencadenar una respuesta de protesta y todo está íntimamente relacionado con una serie de mecanismos hormonales y bioquímicos, de tal forma que si estos se viesen alterados tanto en el cerebro de la madre como del bebé, se pueden traducir en una mayor predisposición a patologías mentales.

En este vínculo del apego intervienen una serie de hormonas, fundamentalmente la oxitocina y otras como el cortisol o la vasopresina.

La oxitocina, es una hormona que no solo tiene que ver con la vinculación entre madre e hijo, sino también con las interacciones sociales y el romance. La hormona del amor, es la responsable de este vínculo madre – bebé en condiciones idóneas, invadiendo el cerebro del bebé y de la madre durante los primeros años de vida, ayudando a crear las conexiones neuronales necesarias para que el desarrollo cerebral sea satisfactorio. A más oxitocina, mejor es el desarrollo de la empatía y la sociabilidad, niños más bondadosos e inteligentes.

En resumen podría decirse que es fundamental cuidar a las madres para que puedan relacionarse amorosamente con sus bebés. Cuidarlas significa escucharlas, respetarlas, sostenerlas, aspectos que todavía hoy no se tiene en cuenta en nuestra sociedad. Las madres por naturaleza somos verdaderas expertas y conocedoras de nuestros hijos y todavía hoy suelo escuchar en el entorno médico y también educativo sentencias como “esa madre es una histérica”, sentencia que no solo daña a la madre sino al niño.

El hombre durante décadas ha manipulado la naturaleza sin medir las consecuencias; podemos encontrar una relación muy estrecha entre el trato que se dio a la naturaleza y el que recibieron las parturientas y sus bebés y existen evidencias comprobadas de que los bebés cuyos nacimientos no son perturbados con sustancias químicas, que crecen sin ser separados de sus madres durante los primeros meses o años de vida, que son amamantados a demanda durante los primeros años…no solo crecen sanos y enferman menos sino que son más alegres, empáticos y amorosos. Esa relación positiva consigo mismo los hace desarrollar una relación con su medio ambiente natural mucho más sostenible. Una relación que no está marcada por la dominación ni la destrucción de la naturaleza.

Preparación para la Maternidad y la Paternidad del Siglo XXI – Proyecto Nacer

El proyecto Nacer es producto de años de investigación, reflexiones, formación y mi propia experiencia. Se fundamenta en la formación y desarrollo del niño intrauterino y del recién nacido, pero principalmente del modelado de la mente humana, a través del cual nos convertimos en quienes somos.

Desde el descubrimiento de que el niño en el útero materno es un ser que escucha, siente y recuerda, nos enfrentamos a un cambio de paradigma,  en cuanto a la gran importancia que envuelve el período del nacimiento. El vínculo madre – bebé que ha de nacer,  no solo conecta los universos físicos sino también los emocionales y mentales.

Proyecto Nacer

Este cambio de perspectiva,  en el desarrollo infantil y en el útero materno,  permite orientar a madres y padres sobre como potenciar las capacidades del niño desde el nacimiento.

El cerebro del futuro bebé está conectado a su entorno recogiendo estímulos e impresiones. Todo lo que el bebé experimenta en el útero y en el nacimiento, deja una huella indeleble en todo su organismo. Este conocimiento transforma de forma radical nuestra percepción del papel de los padres en el desarrollo del niño, otorgándoles una presencia fundamental desde el momento de la concepción.

La vida intrauterina y la experiencia del nacimiento son dos etapas cruciales en el desarrollo de la personalidad humana. Vivir ambas de forma consciente, es sentar las bases del bienestar emocional de las futuras generaciones.

El Proyecto Nacer, se asienta en ideas respaldadas en informes y estudios científicos y  en la experiencia personal, que aportan una propuesta de valor a las madres y padres, que tienen la oportunidad de contribuir de manera activa al desarrollo de un niño feliz. Permitirá a ambos padres cultivar un sentimiento de calma que afectará positivamente al hijo por nacer, preparándolo para una vida de confianza y seguridad.

Ofrecemos un programa simple y minucioso, basado en ejercicios eficaces para relajar a los futuros padres y estimular al niño hasta el momento del parto e inmediatamente después. A través de los talleres propuestos se brinda una orientación y preparación a la gestante, acerca de los cuidados que esta tenga durante las etapas de gestación, parto y posparto.

La gestante además de los cambios que experimenta en su propio cuerpo, siente temor en relación con el parto, los cuidados del recién nacido y su auto cuidado durante el embarazo y el posparto. Este temor puede reducirse mediante una preparación adecuada en la que se involucre la mamá y el papá del futuro bebé, así como también se logra mayor participación de la gestante durante el embarazo y el trabajo del parto.

La preparación que ofrecemos les ayudará a iniciar una forma de comunicación psicológica, haciendo que el niño sepa antes de nacer que realmente sus madres lo aceptan y los quieren.  El Proyecto Nacer ayudará a los futuros padres a mejorar su propia disposición emocional, intensificando la autoconciencia y la recíproca intimidad de la pareja, fortaleciendo la unidad familiar en la que ha de nacer el bebé.

Si la futura madre y su compañero están llenos de tensiones, preocupaciones y angustias, les resultará difícil encontrar el tiempo y la energía necesarios para el bebé. Si están constantemente peléandose entre sí y con el mundo, no podrán dar a su hijo el amor que éste tan desesperadamente necesita.

Así como una mujer que se queda embarazada debe hacer lugar al nuevo ser en su seno, ella y el padre también deben hacer lugar en su corazón y en su mente para el hijo que van a tener. La participación de los padres  en cuanto a que asista a las clases con la madre, ayude en los ejercicios, se involucre en todo el proceso de gestación y participe en el parto aumenta en la futura mamá sentimientos de aprecio, apoyo y compañía, disminuyendo sus temores, y en el bebé sentimientos de seguridad y confianza.